Estimados compañeros y compañeras
Amigas y amigos
Una situación de emergencia
familiar concedió a mi persona este discurso de Augusto Carrasco Orozco, tal
vez el menos indicado para una ocasión tan favorable a los gestos de
complicidad entre pares coetáneos, a las evocaciones entre cofrades.
Con todo, es un honor inmerecido,
puesto que estas palabras de despedida a grandes maestros, representan el
cariño y la admiración del Colectivo de Sector, integrado por el Jefe de
sector: Augusto Carrasco Orozco; los supervisores: Armando Castillejos Cueto,
Gorgonio Palma López y Alfredo Chiu Velázquez; y los asesores técnicos
pedagógicos: Francisco Cordero Ortiz, José Alfredo Escobar Martínez, José
Rasiel Álvarez Carrasco, Francisco Gómez Gómez, Antonio González Gómez y Carmen
Elizabeth Osorio López.
Permítanme entonces iniciar mi
alocución con una palabra sencilla, clara, generosa, la palabra: GRACIAS, que
reúne tantas emociones y sentimientos: gracias, maestro Eloy Matus Toledo;
gracias maestro Rubén Sánchez Ortiz; gracias maestro Pedro López Martínez.
Grandes son ustedes, que dedicaron toda una extensa trayectoria vital a la
profesión más linda y digna de la humanidad, la ocupación de maestro.
Permítannos con este acto, rendirles este sencillo pero emotivo homenaje.
Nadie mejor que ustedes para hablar
sobre la evolución de la educación pública en nuestro país. Envueltos en el
recuerdo, mucho podrán transmitir a las nuevas generaciones de maestros. Su
peregrinar inicial por escuelas pueblerinas y desamparadas, forjó en ustedes el
amor al trabajo responsable y la conciencia de lucha justa y democrática.
Banderas que enarbolaron con firmeza cuando les tocó tutelar destinos de
escuelas urbanas como directivos escolares. Por eso no dudaron en torcer el
cuello del cisne manipulador y sangriento que fue “Vanguardia revolucionaria”,
como tampoco titubearon en crear el Frente de Directivos y Representantes
Sindicales del Istmo, cuando el mal gobierno nos encajó la daga privatizadora,
mal llamada Reforma educativa. Nunca dejaron de acompañar con firmeza la lucha
por una educación alternativa, una educación construida desde la visión de los
maestros y de los pueblos antes que desde la visión burócrata empresarial del
gobierno, nos dejan su ejemplo y la claridad que muestra a las escuelas como
construcciones culturales que demandan pensamiento crítico, científico y
humanista.
Ustedes ya han cumplido con sus
obligaciones, prestaron ya el servicio que les requirió la sociedad, los que quedamos,
tomaremos el ejemplo de ustedes para contribuir a una vida más justa, más
libre, más solidaria, y no ser cómplices de un gobierno al servicio de los
negocios del poder empresarial y financiero.
Deseo, por otro lado, que la
jubilación recién adquirida, ese merecido descanso después de tantos años de
servicio educativo, se convierta en una etapa de sosiego, de mayor libertad
para dedicarse a la familia o a aspectos que el trabajo cotidiano impidió
realizar con la intensidad deseada.
Observo que se encuentra contentos,
gozosos por ser conscientes del deber cumplido. Imagino que no podrán evitar
sumergirse en el pasado, recordar episodios buenos y menos buenos, pues de todo
habrá habido en su paso por la educación. Afortunadamente, aunque la memoria es
caprichosa, suele ser muy selectiva, y tiende a recordar los acontecimientos
más gratificantes y arrinconar los más desagradables. Considero, no obstante,
que no deben ser rehenes del pasado, el presente está aquí, vívanlo con
intensidad y disfruten de esta larga etapa de quietud y tranquilidad que se
abre ante ustedes.
Y me surge una duda: ¿puede
jubilarse una cabeza productiva y abierta? Me parece que no. Que lo que se
dejan son horarios, obligaciones y otras cuestiones de la cotidianidad del
trabajo, pero el pensamiento no se jubila, se abre el ocio creador en el mejor
de los sentidos.
El Colectivo de sector Istmo, les
ofrece este pequeño obsequio que, al margen de su valor material, pretende ser
un recuerdo, un testimonio de gratitud por su dedicación a la educación, un
gesto de complicidad entre quienes nos sentimos unidos e identificados por la
palabra y el concepto de MAESTRO.
Para finalizar, quisiera pensar la
jubilación, no como una ocasión de renuncia o alejamiento, sino como el acceso
a un grado de mayor libertad para la creación, la comunicación y la
generosidad.
En realidad, queridos maestros,
tenemos la esperanza que Ustedes tengan deseos de compartir su fecunda
experiencia en la docencia y administración educativa, y quieran volver a ver,
oír, tocar y oler las aulas. Si esto les sucede, sepan que encontrarán brazos
dispuestos para recibirlos, de vivir y crecer de sus conocimientos. Aquí
estaremos. Buena suerte.
Termino diciendo, gracias una vez
más por su ejemplo: maestro Eloy, maestro Rubén, maestro Pedro y enhorabuena
por la jubilación, que es alegría, fiesta, placer, felicidad.
¡Y que vengan los aplausos, muchos
aplausos, para nuestros tres airosos jubilados!
Muchas gracias.
Discurso escrito por: Maestro Augusto Carrasco Orozco, jefe del sector 3 de escuelas secundarias técnicas del Istmo.